Blog de larrieta

ALTERNATIVAS DE DESARROLLO

ACTIVIDAD 10.

EJEMPLO 1. 

ORGANIZARSE PARA EL EMPODERAMIENTO ECONÓMICO DE LAS MUJERES

Acceso a los recursos y principios para el cambio Resumen: En el Foro AWID 2012, JASS organizó la sesión en profundidad “Acceso y control de los recursos: Procesos de organización para el empoderamiento económico de las mujeres”. El siguiente artículo presenta algunas de las principales ideas que se discutieron como forma de ampliar la comprensión del acceso y control de los recursos desde un análisis del poder y los derechos. Un ejemplo de estas dinámicas de poder es el caso de Guatemala, donde la lucha de las mujeres indígenas y sus comunidades por obtener reconocimientos, derechos y recursos se encuentra amenazada por las industrias mineras. Por último, JASS comparte algunos principios de cambio en la lucha por el empoderamiento económico de las mujeres y para crear alternativas que mejoren la vida y promuevan la reciprocidad, la justicia y el bienestar de las personas y el planeta. Panorama General1 “Empoderamiento... es el proceso mediante el cual aquellas personas a quienes se les ha negado la capacidad de adoptar decisiones de vida estratégicas adquieren esa capacidad.” — Naila Kabeer “...el empoderamiento refiere a diversas actividades, desde la autoafirmación individual a la resistencia, protesta y movilización colectivas que cuestionan... las relaciones de poder... El empoderamiento... es un proceso orientado a cambiar la naturaleza y dirección de las fuerzas sistémicas que marginan a las mujeres...”—Srilatha Batliwala El acceso y control de los recursos tiene que ver con el poder. Actualmente, la pugna feroz por controlar y explotar los recursos, desde la tierra y los bosques a la tecnología y el ADN humano, es una pugna por el poder. Las aparentemente micro luchas de las mujeres por acceder y controlar los recursos cobran forma en las dinámicas “macro” que tienen lugar en el hogar, la comunidad y en los ámbitos nacionales y mundiales. Organizarse para el empoderamiento económico de las mujeres implica comprender cómo opera el poder en todas esas esferas y transformarlo para lograr fines más justos y democráticos. Ello incluye ampliar nuestros conocimientos sobre acceso y control de los recursos desde un análisis del poder y los derechos. Implica también identificar y aprender de las estrategias de las mujeres que utilizan y aprovechan muchos tipos de recursos para crear alternativas que mejoren la vida y promuevan la reciprocidad, la justicia y el bienestar de las personas y el planeta. ¿Qué entendemos por recursos? “...no sólo recursos materiales en el sentido económico más convencional del término, sino además los variados recursos humanos y sociales que sirven para aumentar la capacidad de adoptar decisiones.” — Naila Kabeer Se tiende a pensar que los recursos tienen que ver con el dinero o los bienes económicos. Nosotras los entendemos como un espectro amplio de bienes tangibles e intangibles esenciales para traducir el acceso en poder de decisión y cambio. Esos recursos incluyen cosas económicas y políticas concretas: dinero, financiamiento, crédito, empleo, tierra, posesiones, herramientas, equipamiento, fertilizantes, asistencia médica, agua y demás recursos naturales, tecnología, educación, información, alimentos, vivienda, protección policial, servicios jurídicos, representación política; e incluye también cosas intangibles como: tiempo, seguridad, bienestar, redes políticas y capital social, credibilidad, confianza en sí misma, creatividad, organización, amistades, entretenimiento, amor, etc. 8 • AWID 2013 ¿Qué entendemos por acceso y control?2 Acceso: la oportunidad de hacer uso de algo/ recursos para un provecho mayor. El acceso reflejará las pautas y normas que rigen la distribución y el intercambio en distintas esferas institucionales. Control: la capacidad de decidir o definir cómo y con qué propósito será usado, e incluso para imponer esa definición a otros. En otras palabras, otro vocablo para “control” podría ser poder, y el poder puede ser positivo o negativo dependiendo de su propósito. Mitos comunes sobre el acceso: muchas iniciativas y políticas para mejorar el acceso de las mujeres a los recursos se abocan a poner un recurso a disposición de las mujeres y mejorar la así llamada “igualdad de oportunidades.” Este tipo de enfoques generalmente no logra remediar la discriminación, pues debido a desventajas históricas y las normas sociales, no todas las personas gozan de la misma situación para aprovechar determinada oportunidad. ¿Qué entendemos por poder? Detrás de los interrogantes sobre desigualdad, explotación y opresión se esconden las dinámicas de poder y los privilegios. Definimos poder como el grado de control sobre los recursos materiales, humanos, intelectuales y financieros ejercido por diferentes sectores sociales. El poder es dinámico y se ejerce en las relaciones sociales, económicas y políticas entre individuos y grupos y puede emplearse con fines positivos o negativos. La mayoría asocia poder con “poder sobre”; es decir, la capacidad para controlar y adoptar decisiones por otras/os, con o sin su consentimiento. Ese tipo de poder puede adoptar formas opresivas y destructivas, y perpetuarse con amenazas o el uso de violencia. Sin embargo, existen otras formas de poder que son positivas. Poder desde dentro es el propio sentido de sí y de capacidad de acción; poder con es el poder colectivo, el poder de las cifras forjado mediante una causa común y la solidaridad. Muchas estrategias de incidencia se enfocan en construir formas visibles de poder sobre, por ejemplo, leyes, políticas y elecciones. Sin embargo, el poder sobre opera de maneras menos tangibles que, si no se lo aborda, hace de cada victoria política una victoria tenue. El poder oculto opera bajo reglas tácitas, con negociaciones tras bambalinas y las agendas de actores e instituciones influyentes. El poder invisible incluye creencias, normas y valores culturales y/o religiosos, muchos de ellos internalizados mediante procesos de socialización. ¿Qué entendemos por construcción feminista de movimientos? La construcción de movimientos es el proceso de organizar y movilizar una base de apoyo amplia alrededor de un determinado cambio social, económico o político desarrollado a lo largo del tiempo mediante análisis conjuntos, educación y la construcción de articulaciones. Es importante distinguir entre las nociones de construcción de movimientos feministas y construcción feminista de movimientos (adaptado de Srilatha Batliwala). La construcción de movimientos feministas es el proceso que moviliza a mujeres, organizaciones de mujeres (y sus aliadas/os o defensoras/es) alrededor de una lucha con metas específicas a la igualdad de género; por ejemplo, para erradicar prácticas como la mutilación genital femenina, la quema de novias, el feticidio femenino, la violencia contra las mujeres, o para ampliar la igualdad en el acceso a la ciudadanía (p. ej., derecho al voto), la tierra o a los derechos sucesorios, educación, empleo, salud, o derechos sexuales y reproductivos. La construcción feminista de movimientos, por otra parte, podría definirse como el intento de acercar los análisis feministas y las perspectivas de igualdad de género a otras agendas y movimientos. Ejemplos clásicos de esto son los esfuerzos de muchas feministas por aportar la perspectiva de género a los análisis, metas y estrategias de los movimientos campesinos, laborales, ambientalistas, por la paz y de derechos humanos en todo el mundo. La construcción feminista de movimientos puede además implicar la construcción de movimientos entre mujeres de agendas o movimientos distintos. Adaptando las nociones de Naila Kabeer, Martha Nussbaum y otras, los recursos son fundamentales para alcanzar derechos e igualdad. Las mujeres necesitan poder para traducir el acceso en mejoras reales para su vida y el mundo. Desafiar las barreras institucionales y sociales que impiden el acceso de las mujeres a los recursos es una acción política y riesgosa, y demanda empoderamiento individual y colectivo y estrategias de organización como demuestran los estudios de caso. Dicho de forma simple: RECURSOS (precondiciones) CAPACIDAD DE ACCIÓN (poder individual y colectivo en acción) CAMBIO, DERECHOS Y JUSTICIA (mejoras en la condición de las mujeres, su situación y posibilidades, y alternativas más justas y sostenibles) : AWID 2013 • 9 Siete principios para el cambio en la lucha por el empoderamiento económico de las mujeres3 1. Necesidades y derechos: La organización para los derechos políticos no debería apartarse de las necesidades prácticas. En el contexto de la pobreza, si queremos que las mujeres se involucren en la política, debemos ayudarlas a organizarse por el acceso a los recursos económicos -dinero y bienes- y por la libertad que ello proporciona. 2. Comenzar con las soluciones de las mujeres: Como siempre, cuando los estados renuncian a su responsabilidad de atender las necesidades básicas de bienestar de sus ciudadanas y ciudadanos, las mujeres se ocupan de suplir esa falta. Desde las cooperativas de ahorro a las redes de cuidados provistos en el hogar hasta las madres que demandan justicia para sus familiares, las mujeres están en la primera línea de todas las luchas por la justicia social. Su liderazgo, estrategias y demandas de alternativas sostenibles son diferentes e importantes. Pese a que la sociedad depende de este trabajo, esa tarea queda en su mayoría invisibilizada y sin reconocimiento. 3. Colocar el poder y la política en el primer plano de los análisis y estrategias: Las iniciativas para traducir los conceptos económicos y políticos (incluyendo los derechos) generalmente lo que hacen es apenas simplificar la terminología hermética sin establecer relaciones con los problemas económicos de la vida real y las realidades políticas. En muchos casos, estos programas han perdido la apreciación plena del poder o sus implicaciones para las estrategias. 4. Comprometer el corazón y la cabeza: Para un cambio perdurable, las estrategias de reducción de la pobreza y de empoderamiento deben ayudar a las personas a comprender y cuestionar el saber económico convencional y a identificar las instituciones e intereses que se benefician de él. Para ello el mejor enfoque es aquel que permite a las personas comprender sus propias circunstancias en el contexto de las normas imperantes y el orden económico. 5. Construir puentes entre movimientos, ONG y otros grupos: Los movimientos sociales, así como las ONG, deben tomarse el tiempo para desmantelar los supuestos y garantizar una comunicación clara, pues solemos emplear un lenguaje común sobre el cambio (desde el feminismo a la justicia racial), pero que tiene interpretaciones diferentes. Debemos tener una conversación honesta para abordar los conflictos y negociar las diferencias políticas, así como un pensamiento nuevo y fuentes de financiamiento diversificadas para superar la competencia por los recursos. Y debemos enfrentar con honestidad las preguntas espinosas sobre representación y legitimidad: en nombre de quién hablamos, y cómo nos cercioramos de que esas voces ocupen un lugar central, visible e influyente. 6. Revisar y perfeccionar los conocimientos sobre los problemas económicos clave y sus soluciones: Si bien existe una preocupación entre diversos grupos por el reparto de las porciones del “pastel”económico, también les importa poder poner en cuestión los supuestos que definen el tamaño de ese “pastel” y las normas que rigen a las personas en cuanto al acceso a ella (p. ej., políticas de inversión, normas laborales, bienes públicos, etc.). Es necesario que examinemos las ideologías que sostienen a las agendas económicas dominantes y sus efectos en nuestras decisiones y mensajes estratégicos y que comencemos a definir las nociones y principios que dan forma a la igualdad de género y la justicia en todo el mundo y que podrían servir de marco a nuestros mensajes y alternativas en adelante. 7. Revisar las metas de incidencia y puntos de entrada tradicionales: Ante la escasez de recursos y capacidades, se torna necesaria la siguiente pregunta: ¿Cuándo es válido un espacio político? Algunos espacios políticos, como la agenda de los ODM y el Banco Mundial, con sus agendas “precocidas” y controladas deben ser evaluados y comparados con la alternativa de espacios de reclamos políticos para promover los derechos de las mujeres y los intereses de la justicia económica, tanto en el sector público como en el privado.4 Otras lecturas: Página web de JASS sobre derechos económicos de las mujeres. “Resources, Agency, Achievements—Reflections on Measurement of Women’s Empowerment” (Naila Kabeer 1999). Refleja la definición de JASS sobre “recursos” y las múltiples dimensiones que inciden en el “acceso” y “control sobre” los recursos que hacen las mujeres. Understanding and Measuring Women’s Economic Empowerment: Definition, Framework and Indicators (ICRW 2011) Notas: 1. Adaptado de un documento resumen de la sesión “Acceso y control de los recursos: Procesos de organización para el empoderamiento de las mujeres” celebrada en el Foro AWID 2012. 2. Adaptado de Making Change Happen 3: Revisioning Power for Justice, Just Associates, 2006 3. Adaptado de Veneklasen, Lisa y Alia Khan (2012) “Women’s Movements and Economic Power: Connecting the local and the global” publicado en “Development”, 2012, 55(3), Society for International Development. 4. Cornwall, Andrea y John Gaventa (2001), “Power, Knowledge and Political Spaces in the Framing of Poverty Policy”, IDS WP 143; y Gaventa, John (2006), “Finding the Spaces for Change: A power analysis”, en Exploring Power for Change, Boletín de IDS 37.6, Brighton, IDS. 10 • AWID 2013 Cuanto más nos acercamos a la mina Marlín, más rastros vemos de la deforestación y de las cicatrices del mega proyecto de desarrollo que destroza la tierra. La mina Marlín es la mina de oro más grande de Guatemala y representa por sí sola el 95% de las exportaciones de metales preciosos del país, uno de los más pobres de América Latina. Es propiedad total de la sociedad Montana Exploradora de Guatemala, a su vez filial en propiedad exclusiva de la sociedad canadiense de extracción minera Goldcorp Inc., cuya sede se encuentra en Vancouver, Canadá. En la Mina Marlín se emplea cianuro para separar las partículas de oro de la roca en un proceso denominado lixiviación. Ese proceso está prohibido en muchos países, pero se sigue empleando en Guatemala. Quienes se oponen sostienen que estos residuos contaminan el agua y los ecosistemas locales y provoca enfermedades. La Comisión Pastoral Paz y Ecología (COPAE) y sus miembros en el movimiento sindical de Guatemala, y las asambleas indígenas democráticas, estiman que los mega proyectos de minería e hidroeléctricos son preludio de la tercera gran oleada de explotación colonial y neocolonial. Primero llegaron los Conquistadores, luego la gran apropriación de tierras post-colonial por parte de la oligarquía neoliberal, la cual impuso grandes plantaciones de café expulsando a las poblaciones indígenas y forzándolas a instalarse en las montañas. Ahora llega una globalización desenfrenada y la estampida hacia el oro. Las organizaciones indígenas se han visto confrontadas a una plétora de muertes, asesinatos, acosos, amenazas, desinformación, hostilidad, sobornos y corrupción por parte de los poderes públicos y de sus cohortes bajo la autoridad de la oligarquía. En lugar de los mega proyectos, los activistas indígenas reclaman un programa de desarrollo nacional integrado para revitalizar y resguardar la economía agrícola rural. En lo que respecta a la extracción minera, exigen controles más estrictos sobre el transporte y la manipulación de las sustancias tóxicas; estudios más detallados sobre el impacto medioambiental; un sistema de seguimiento independiente; la constitución de un fondo de previsión para catástrofes y emergencias; verificación transparente de los materiales extraídos; el libre acceso a la información, y un control riguroso de los vertidos provenientes de los procesos industriales de extracción minera. “Queremos vivir bien, como todo el mundo, por supuesto,” señala la dirigente de la comunidad K’iche, Lolita Chávez Ixcaquic. “Pero todavía se puede vivir bien en Guatemala sin oro y sin minas. Evidentemente necesitamos alimentos, agua, tierras y ropa. Puedes tener un coche, pero no te hacen falta diez”. “Esto es más que una crisis medioambiental, nos encontramos frente a una crisis de civilización”, advierte. “Nosotros creemos poder aportar una contribución vital a este debate: cómo vivir en armonía. No se trata de una batalla. No hay ganadores ni perdedores. Es la vida lo que está en juego”. “Nuestro movimiento es un movimiento democrático y no violento. Tenemos que conseguir que la comunidad internacional esté al corriente de la situación. No estamos solos: 375.000 personas han dicho ‘No’ a la Mina Marlín. No nos fiamos ni un pelo de esas empresas mineras, habida cuenta de sus actividades en todo el mundo”. “Ya han hecho un trato con el gobierno. Eso es ilegal, injusto, ilegítimo. Es capitalismo salvaje, bandolerismo económico. Nos mienten una vez más, esta vez en nombre del progreso y el desarrollo”. “Nuestro concepto de vivir bien es vivir en armonía con la naturaleza: el aire, el agua, la energía y la tierra. En nuestra cultura no se habla del supuesto progreso y desarrollo”. “Es una nueva manzana de la discordia entre el pueblo Maya y el Estado. Nosotros tenemos un concepto distinto del cosmos y de la vida, y ellos están destrozando la relación entre los seres humanos y la naturaleza. ¿Y que hay a cambio de eso?” “La Tierra no nos pertenece. Tenemos que vivir en armonía. Están violando nuestro territorio. Violan la Madre Tierra y no hay consulta”. “Ellos -el Estado, el ejército, las transnacionales y los grandes propietarios- evitan consultarnos. Se adueñan de las tierras como si se tratara de su propiedad privada.” Adaptado del artículo de David Brown para el boletín de ITUC, junio de 2011, pág. 1-4




EJEMPLO 2.

ACCESO A LOS RECURSOS COMUNES: RELATOS DE ORGANIZACIONES Y MOVIMIENTOS DE MUJERES EN INDIA 

RESUMEN

Soma K. Parthasarathy, investigadora y activista feminista presentó en la sesión en profundidad “Reconceptualización del desarrollo, exploración de construcciones alternativas en todo el globo” durante el Foro AWID 2012. Analizó la relación entre poblaciones marginadas, incluyendo a las mujeres, y los bienes comunes, en particular el acceso a los recursos naturales. Se enfocó especialmente en la naturaleza de género de los bienes comunes propiamente dichos, así como en el impacto de la legislación sobre ellos en la India. Lo que sigue es un resumen de su presentación, cuya versión completa se encuentra disponible en PDF en awid.org. Entre toda la legislación vigente sobre los bienes comunes, Parthasarathy se detiene en dos áreas de las disposiciones legislativas: la Ley 2010 de Readaptación de Adquisición de Tierras y Reasentamiento (una reforma a la Ley de Adquisición de Tierras de 1894) y la Ley 2006 sobre Tribus Desfavorecidas y Otros Pobladores Tradicionales de Bosques, enfocado en bosques y pobladores de bosques. Sostiene que sobre las personas pobres, marginadas históricamente en función de múltiples factores (clase, casta, etnia, género), recae una carga desproporcionada de los efectos adversos de las políticas y su aplicación (o la falta de aplicación). Concebido como dominio estatal desde tiempos coloniales y aun desde antes, las tierras y bosques abiertos y comunitarios generalmente se pensaron como dominio soberano, lo que permitía al estado determinar los límites y normas de acceso, uso y ordenación de dichas tierras y sus recursos, por lo común a costa de las comunidades más marginadas que dependen de ellos. Efectos Las políticas agrarias fueron diseñadas en muchos casos conforme al paradigma de desarrollo dominante centrado en las políticas impulsadas por el mercado, la liberalización y el crecimiento, con cercamientos, desalojos y extracciones, como forma de llegar a ese objetivo. Así, aquellas personas para las que los bienes comunes y sus recursos ofrecen subsistencia y dignidad y, ciertamente, reviste importancia cultural y representa una concepción distinta de la economía/sociedad, quedan aun más marginadas, obligadas a ganarse la vida con cualquier medio que ofrezca el modelo económico. Pese a que las legislaciones agrarias tienen seria repercusión en la vida de las mujeres, su condición y función en el desarrollo, la perspectiva feminista/de género sigue eludiendo a quienes formulan y planifican las políticas. Por ello hasta hace poco el género se ha mantenido invisible en el discurso sobre la tierra. Además de los impactos de género de la legislación estatal, las mujeres y los grupos indígenas, entre otros, también se ven afectados por la exclusión perpetuada en las propias comunidades: los grupos de mujeres y comunidades indígenas que buscan acceso a los recursos y reclaman derechos [a los bienes comunes] enfrentan constantemente las barreras de la exclusión en las aldeas o la comunidad. Esto lo sienten más intensamente las mujeres de comunidades marginales en las sociedades de subsistencia. No obstante, la Ley de Derechos Forestales presenta un avance positivo. Esta ley reconoce los derechos de las mujeres, aunque con un alcance limitado de derechos como co-titulares junto al esposo y en relación con otros familiares varones. Parthasarathy analiza en más detalle esta problemática en la versión completa de su presentación, que se encuentra disponible en línea en PDF. 12 • AWID 2013 Resistencia Las luchas más amplias por los derechos a la tierra que llevan adelante las/os habitantes de bosques y aquellas personas desposeídas y desplazadas por el proyecto de desarrollo, aunque representan ostensiblemente los intereses de las personas, muy pocas veces se articulan con la perspectiva de género, feminista y de derechos humanos de las mujeres. Con frecuencia, también, una vez que el movimiento cobra visibilidad e impulso, lo que se inicia como una protesta o demanda de mujeres en el plano local queda sometido al privilegio patriarcal, por el cual los varones (locales o no) retienen el dominio de las posiciones de liderazgo. Sin embargo, en ámbitos locales, las mujeres continúan organizando y agitando por derechos, dignidad y medios de subsistencia, desafiando tanto al estado/modelo dominante de desarrollo, como a la naturaleza patriarcal de los movimientos. Aunque desperdigados y de escala local, estos esfuerzos intensos de las mujeres para movilizarse, hacer oír sus preocupaciones y negociar temas generaron conciencia y les dieron visibilidad en las luchas por el ambiente, los bosques y las tierras y las colocaron en el primer plano de los movimientos que protestan, por ejemplo, contra la industrialización, los grandes diques y la minería. Además de los movimientos, las mujeres también buscaron incidir e intervenir en los espacios de planificación negociando con el Estado y las instituciones locales de gobierno para garantizar la atención a diversas prioridades, incluidas las necesidades de alimentos y subsistencia, y al mismo tiempo, arrojando luz sobre la interrelación entre los bienes comunes y sus vidas. Pero a pesar de todo, todavía resta mucho por hacer. Parthasarathy señala que pese a las numerosas iniciativas y luchas de las organizaciones de mujeres de base, los movimientos de mujeres todavía deben dar prioridad a un compromiso profundo con las cuestiones de los derechos de las mujeres en la esfera del desarrollo y los recursos naturales como una agenda clave en sus estrategias. Los movimientos de mujeres deben cultivar una postura y análisis para desafiar el anclaje patriarcal de las políticas agrarias y de recursos naturales, sus procesos y relaciones en la región. A pesar de los esfuerzos de las redes (como Development Alternatives with Women for a New Era (DAWN)), las investigadoras, activistas y organizaciones feministas (como el Centre for Women’s Development Studies (CWDS) y las involucradas en el proceso del Foro Social Mundial) para reclamar los derechos de las mujeres a la tierra, la interacción sistemática con los temas del desarrollo vinculados a las políticas de recursos naturales para la vida de las mujeres pobres rurales todavía debe evolucionar. Un paso reciente en esa dirección es la intervención de un grupo de economistas feministas en la comisión de planificación para introducir una perspectiva de género en ese proceso. A través de sus numerosas luchas, las mujeres proponen caminos que pueden conducir a un desarrollo sostenible, el bienestar y a una vida digna. Su resiliencia y luchas para reclamar los bienes comunes y negociar sus derechos a los recursos para subsistencia y como ciudadanas en pie de igualdad, aun cuando el establishment confabula para privatizarlos, es una luz de esperanza para una visión futura de desarrollo e igualdad desde una perspectiva feminista.


EJEMPLO 3.

EXPERIENCIAS DE EMPODERAMIENTO DE MUJERES JEFAS DE HOGAR EN INDONESIA 

Resumen:

 En medio del veloz crecimiento de la economía indonesa, cada año un número creciente de mujeres rurales se ven repentinamente en la situación de afrontar la subsistencia de sí mismas y de su familia, padeciendo pobreza y discriminación. En su presentación durante el Foro AWID 2012, Nani Zulminarni, Coordinadora Nacional para Indonesia de PEKKA (Programa de Empoderamiento para Jefas de Hogar) y Coordinadora Regional de JASS Sudeste Asiático citó ejemplos de procesos organizativos y de empoderamiento de mujeres de la comunidad para romper el ciclo de pobreza y exclusión. Mujeres y pobreza en la Indonesia rural Indonesia tiene una población de unos 250 millones y es uno de los países de crecimiento más veloz de todo el mundo, donde todos sus indicadores de crecimiento son positivos y orgullo del gobierno. No obstante, persisten grandes desigualdades entre ricos y pobres y entre áreas rurales y urbanas. El país abrió la economía a los mercados globales, con enorme impacto en la vida de las personas. Uno de ellos es la migración masiva de hombres de las zonas rurales a las urbanas en busca de mejores oportunidades laborales y dejando a muchas mujeres atrás, generalmente en situación de extrema pobreza. El programa del gobierno para reducir la pobreza es insuficiente e inapropiado. Incluyó primordialmente dos aspectos: la transferencia de efectivo que termina empléandose para ganar votos (“política del dinero”), y los microcréditos que no solo fueron rápidamente industrializados por los bancos comerciales, sino que promovieron que muchas ONG actuaran como bancos. Los hombres habitualmente son considerados los jefes del hogar, pero existen alrededor de 9 millones de mujeres pobres que cumplen esa misma función y que no aparecen en las estadísticas, quedando así excluidas de las políticas de desarrollo en Indonesia. Está además el problema del empoderamiento, pues las mujeres se autoperciben débiles sin un esposo, inútiles e incompetentes para enfrentar los cambios de contexto. Existen otros factores que contribuyen a la pobreza de las mujeres: por ejemplo, dependen en gran medida de la naturaleza para alimentarse y alimentar a su familia. Con el deterioro ambiental, se tornó dificultoso garantizar la producción de alimentos. Dos ejemplos ilustran claramente algunos de los cambios que repercuten en la vida de las mujeres. Muchas jefas de hogar en la Indonesia rural se desempeñan como tejedoras tradicionales. Acostumbraban a comprar productos naturales para teñir los hilados con el dinero que obtenían de comerciar sus productos en mercados locales. El gobierno comenzó a introducir hilados industrializados, aduciendo que ello ayudaría a las tejedoras ahorrándoles un preciado tiempo (ensamblando productos con hilos en lugar de tejerlos). Las mujeres modificaron su forma de trabajo, pero cuando comenzó la crisis el precio del hilo aumentó y así se enfrentaron a la pérdida de empleo e ingresos. Otro ejemplo tiene que ver con los cambios en el consumo de alimentos. En Indonesia, la mayoría de la población rural no era gran consumidora de arroz. Pero en las décadas de 1970 y 1980 el gobierno implementó un programa masivo de desarrollo para introducir plantaciones de arroz en algunas áreas y alentar su consumo. El arroz comenzó a reemplazar a los cultivos autóctonos y esto cambió el esquema de consumo. El problema fue que algunas áreas no eran aptas para cultivar ese grano de modo que las personas se vieron forzadas a comprar a costos más altos en el mercado cuando en realidad no tenían efectivo. Las mujeres rurales pobres se convirtieron en las destinatarias de programas de desarrollo para 14 • AWID 2013 aliviar la pobreza que respondían con políticas de transferencia de efectivo, microcréditos y préstamos de dinero. Pero quedaron atrapadas y dependiendo de otras personas en lugar de ser independientes y autosuficientes. Romper el ciclo de la pobreza: organización y empoderamiento de las mujeres ¿Cómo hicimos frente a esta situación? Con PEKKA comenzamos a organizar a las mujeres y a construir conocimientos colectivos acerca de aquello que les dificultaba la vida. No solo se analizó el poder visible de las instituciones y quienes tienen a su cargo la formulación de políticas de desarrollo, sino también el poder invisible, los valores y las construcciones sociales que colocan a estas mujeres en una situación muy desventajosa, completamente dependientes de sus esposos para ser reconocidas socialmente. Un primer paso consistió en cambiar la relación con el dinero y romper el ciclo de dependencia con las transferencias de efectivo o en el dinero del gobierno que habitualmente aparece cerca de las elecciones. El pensamiento inicial de las mujeres fue que eran muy pobres para ahorrar dinero. Sin embargo, con un ejercicio de reflexión colectiva surgieron algunas ideas. Por ejemplo, algunas le daban dinero a su familia para comprar comida chatarra como una solución rápida mientras estaban ocupadas en el trabajo. De modo que propusieron eliminar ese gasto. Otra era reducir el consumo de azúcar en las bebidas diarias y emplear frutas sustitutas como el coco o el plátano a las que acceden con facilidad. También pensaron colectivamente cómo gastar sus ahorros. Decidieron que dependía de quién necesitara más de los fondos en determinado momento. Las mujeres podían tomar préstamos siempre que pudieran reintegrar la misma suma en un plazo determinado. Esas son además posibilidades de financiamiento para las mujeres que deseen aumentar su capacidad como productoras. Esto es importante pues como consecuencia de distintos programas de desarrollo en las zonas rurales de Indonesia, muchas mujeres han dejado de ser primordialmente productoras de alimentos para convertirse en consumidoras de alimentos. Los vegetales que cultivan en el jardín representan ahora apenas una pequeña proporción del alimento que consumen y el resto lo compran en el mercado. La clave fue reinstaurar la noción de que es posible cultivar nuestros propios alimentos y ahorrar así dinero para sí y la comunidad. Esto también significó recuperar los cultivos autóctonos. Por ejemplo, en el Este de Indonesia, las mujeres de los proyectos de PEKKA lograron recuperar siete variedades de sus principales alimentos básicos para reemplazar el arroz que debían comprar. Al otorgar y recibir préstamos, las mujeres rurales jefas de hogar también ponen en práctica sistemas de liderazgo, democracia y distribución de poder. Cada socia tiene un voto, independientemente de cuánto ahorre cada una. La rendición de cuentas también forma parte del proyecto, puesto que todas las integrantes deben informar cómo han gastado el dinero y deciden en conjunto los planes a futuro. En más del 50% de estos hogares encabezados por mujeres, las mujeres son analfabetas, aunque el gobierno declare que ya no hay analfabetismo en el país. En el proceso de organización, las mujeres también aprenden a leer y escribir mediante la enseñanza entre pares. Ello genera más conciencia sobre la importancia de demandar derechos y tomar parte en la negociación de las políticas locales. Además emplean distintos tipos de medios de comunicación para informarse entre sí y a la comunidad. El número de hogares encabezados por mujeres está aumentando con velocidad. En muchas aldeas, las mujeres tienen a su cargo ahora más del 50% de los hogares debido a que los hombres se trasladaron a otros países o ciudades para ganar dinero y nunca regresaron. El aumento de esta cifra incrementa también su poder de negociación política, incluso en los sistemas indígenas que solían cercenar los derechos de las mujeres a la tenencia de la tierra, por ejemplo. Poco a poco también comienzan a postularse para cargos públicos. En PEKKA, sabemos que esto no es la perfección y que puede parecer en ocasiones que nos enfrentamos a un enemigo muy grande, pero tenemos motivos de esperanza. Diez años atrás comenzábamos en cuatro provincias. Ahora estamos trabajando en nueve, involucrando a un colectivo de más de setecientas cincuenta mujeres jefas de hogar. Aprendimos la importancia de reclamar derechos y dignidad y de luchar contra las distintas formas de opresión. No solo la del poder visible de quienes formulan las políticas, sino además contra el poder invisible que excluye a las mujeres de los procesos de desarrollo.

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: